LA REBELIÓN DE LAS COSAS
Claves para entender la obra de Eugenia Calvo
Daniel Gigena
La artista rosarina exhibe una obra de sitio específico en sala de la Universidad Torcuato Di Tella, mientras prepara una muestra en la galería Hache para noviembre.
LA NACIÓN: JUEVES 12 DE OCTUBRE DE 2017
Se escribió mucho sobre la relación misteriosa entre personas y cosas. Ensayos y tratados filosóficos abordaron esa «afectación mutua» entre ambas esferas y, desde la Antigüedad, leyendas de distintos pueblos fantasean con una rebelión de las cosas. Entre otros narradores, Juan José Arreola, Silvina Ocampo y Felisberto Hernández imaginaron modos en que las posesiones cobraban autonomía. El escritor francés Georges Perec dedicó su novela Las cosas, protagonizada por una pareja que sueña con una vida plena de fortuna material y objetos lujosos, al papel que puede asumir lo inanimado. Desde el comienzo, el trabajo de la artista rosarina Eugenia Calvo (1976) reflexiona sobre ese vínculo entre cosas y gente. En todas sus obras hay objetos: muebles, artefactos eléctricos, herramientas; platos con imágenes bucólicas sobre los que avanzan, como lava, puré o carne asada. Ceniceros decorados con escenas urbanas o pastoriles aparecen cubiertos por nubes de ceniza de cigarrillos. En Supervivencia y reproducción (de 2010), colchones maniatados o convertidos en parapetos se agazapaban en ambientes de una casa burguesa.
Una indagación sobre la violencia, contenida o no tanto, se formula de manera insistente, ligeramente desvariada y siempre austera en los trabajos de Calvo. La propia artista lleva adelante performances con sierras eléctricas, hierro y pólvora. Fue ella la que, como hizo en Caída libre, se arrojó desde un primer piso luego de tirar, literalmente, la casa de sus padres por la ventana. En El dominio del mundo, el espacio doméstico (habitual en trabajos anteriores) es reemplazado por la sala de exposiciones de una universidad porteña que pertenece a una de las familias más conspicuas del siglo XX argentino. En la sala de exposiciones de la Universidad Torcuato Di Tella, las cosas están aferradas por un listón de hierro negro que recorre los bordes de escritorios de madera, sillones y sillas de diseño, una cama de dos plazas y varios artefactos eléctricos, entre los que se reconoce una heladera y un lavarropas Siam Di Tella. La elección de muebles y artefactos de industria nacional no es inocente y opera como una crítica a la política actual de apertura indiscriminada de importaciones. La muestra, que estuvo al cuidado de Lara Marmor, contó con la colaboración de varios estudiantes de la UTDT, que se ocuparon de rastrear algunos objetos de la exposición y que incluso escribieron breves ensayos interpretativos de la obra de Calvo.
Combate de fuerzas antagónicas
En el enorme espacio de exhibición, similar a una escena teatral o una arena de combate, se desarrolla un drama de doble faz. De un lado, arrinconadas contra la pared, están las cosas. De frente a los espectadores, «posan» a la fuerza y parecen esperar el momento oportuno para hacer una revelación. Enfrente, protegidos (así como también separados) por una valla de hierro negro, circulan los visitantes de la muestra. Entre ambos, se despliega un vacío espectral. «El vacío, como centro de la acción, se transforma en un terreno de enlace y a la vez de desconexión entre objetos y sujetos», escribe Marmor en uno de los textos que acompañan la experiencia que, sin ser paranormal, es innegablemente física. Es verdad que se desarrolla una acción, sobre todo introspectiva, que guía la mirada durante el recorrido. «Estamos solos ante las cosas y ante nosotros mismos», sugiere Calvo, que viajará desde Rosario hasta Buenos Aires vLa sala de la UTDT tiene dos puertas: se entra por la de la derecha y se sale por la de la izquierda. El diseño del pasillo de 90 centímetros de ancho crea una pasarela ambigua. Si bien se la puede sortear con facilidad, los visitantes permanecen de pie, perplejos e incómodos, ante las cosas mudas a cierta distancia. ¿Quién domina el mundo? «Hubo objetos que quedaron afuera -cuenta Calvo-, objetos que había elegido e incluso llevado hasta Buenos Aires desde Rosario, que después no funcionaban en la totalidad. La altura de la estructura de hierro fue organizada por los muebles. Y la luz, que siempre se pensó como si iluminara el vacío, decidiendo algo más mortecino, una luz que crea un clima.» El ojo se acostumbra a esa atmósfera tenue y los objetos, que están a una distancia de diez metros, en un principio no se reconocen del todo. «Esa decisión de la luz tenía que ver con eso, con que no deja ver todo; así, se toma consciencia de la distancia», destaca la artista.arias veces hasta que la muestra concluya.
La sala de la UTDT tiene dos puertas: se entra por la de la derecha y se sale por la de la izquierda. El diseño del pasillo de 90 centímetros de ancho crea una pasarela ambigua. Si bien se la puede sortear con facilidad, los visitantes permanecen de pie, perplejos e incómodos, ante las cosas mudas a cierta distancia. ¿Quién domina el mundo? «Hubo objetos que quedaron afuera -cuenta Calvo-, objetos que había elegido e incluso llevado hasta Buenos Aires desde Rosario, que después no funcionaban en la totalidad. La altura de la estructura de hierro fue organizada por los muebles. Y la luz, que siempre se pensó como si iluminara el vacío, decidiendo algo más mortecino, una luz que crea un clima.» El ojo se acostumbra a esa atmósfera tenue y los objetos, que están a una distancia de diez metros, en un principio no se reconocen del todo. «Esa decisión de la luz tenía que ver con eso, con que no deja ver todo; así, se toma consciencia de la distancia», destaca la artista.
El trabajo latente de la obra
El vacío está cruzado por dos fuerzas antagónicas. Del lado de las cosas, un ventilador en funcionamiento empuja el aire, produce un rumor persistente y refresca un espacio ya bastante helado. A su lado, un espejo de pie que Calvo trajo desde Rosario permite que el espectador «salte la valla»: la imagen en el espejo pasa al otro lado y el visitante se agrupa entre las cosas. Artista de dos galerías, Diego Obligado (Rosario) y Hache (Buenos Aires), Calvo trasciende fronteras domésticas, estéticas e ideológicas e intenta derribar algunos presupuestos de la escena artística para reemplazarlos por una actitud de desamparo y desnudez ante el trabajo silencioso del mundo. La galería 713, antes del cierre, publicó un refinado libro de artista, que se puede conseguir en las galerías que actualmente la representan. Este año se pueden ver obras de Calvo en distintas ciudades. Una instalación conmovedora en el Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo, en el marco de la primera Bienalsur, recrea un espacio velado de la ex cárcel de Miguelete. En el primer piso del Museo Castagnino, en la ciudad natal de la artista, se exhiben imágenes de la serie El método tradicional. Su obra de sitio específico en la UTDT permanecerá abierta hasta el 10 de noviembre. El 27 de octubre a las 19, la bióloga Cecilia Calero, el terapeuta y artista Bernardo Zabalaga y el físico y filósofo Christian de Ronde participarán junto con Calvo de un encuentro para debatir el poder intrínseco de los objetos. La entrada es libre y gratuita, con DNI. A partir del 14 del mes próximo, Calvo presentará además La marcha de las funciones en la galería Hache. Se trata de un conjunto de «partituras» de obras, suerte de catálogo de trabajos latentes. «Mientras proyecto trabajos que tal vez no pueda realizar, me quito las ganas de hacerlos mediante instructivos», bromea la artista. Es una serie de obras gráficas, con algunos ingredientes verbales que sugieren que las obras podrían hacerse solas.
La rebelión de las cosas. Claves para entender la obra de Eugenia Calvo | The rebellion of things. Keys to understand Eugenia Calvo's work.
Daniel Gigena
Much has been written about the mysterious relationship between man and things. Essays and philosophical treatises have dealt with this «mutual affectation» between the two spheres, and since antiquity the legends of various peoples have fantasized about a rebellion of things. Writers such as Juan José Arreola, Silvina Ocampo, and Felisberto Hernández, among others, imagined ways in which objects could become autonomous. The French writer Georges Perec dedicated his novel Things, about a couple who dream of a life full of material wealth and luxurious objects, to the role that inanimate objects can play. From the beginning, the work of Rosario-born artist Eugenia Calvo (1976) has reflected this relationship between things and people. In all her works there are objects: furniture, electrical appliances, tools; dishes with bucolic images on which they are placed, such as lava, mashed potatoes or roasted meat. Ashtrays decorated with urban or pastoral scenes are covered with clouds of cigarette ash. In Survival and Reproduction (2010), mattresses, tied together or transformed into parapets, crouch in a bourgeois house.
In Calvo’s works, an investigation of violence, whether contained or not, is formulated in an insistent, slightly frenzied, and always austere manner. The artist herself performs with electric saws, iron and gunpowder. It was she who, as in Caída libre, threw herself from the second floor after literally throwing her parents’ house out of the window. In El dominio del mundo, the domestic space (common in previous works) is replaced by the exhibition hall at Buenos Aires University owned by one of the most prominent families of 20th-century Argentina. In the Torcuato Di Tella University showroom, things are held together by a black iron band that runs along the edges of wooden desks, designer armchairs and chairs, a double bed, and several electrical appliances, including a refrigerator and a Siam Di Tella washing machine. The choice of furniture and appliances from the national industry is not innocent and acts as a criticism of the current policy of indiscriminate opening of imports. The exhibition, curated by Lara Marmor, relied on the collaboration of several UTDT students, who were responsible for locating some of the objects in the exhibition and even wrote short interpretative essays on Calvo’s work.
Battle of antagonistic forces
A two-sided drama unfolds in the huge exhibition space, which resembles a theater scene or a fighting arena. On one side, cornered against the wall, are the objects. Facing the spectators, they «pose» forcibly, seemingly waiting for the right moment for a revelation. On the opposite side, protected (and also separated) by a black iron fence, the visitors circulate. In between, a spectral void unfolds. «The void, as the center of the action, becomes a terrain of connection and, at the same time, of separation between objects and subjects,» writes Marmor in one of the texts accompanying the experience, which, without being paranormal, is undeniably physical. It is true that an action unfolds, mostly introspective, that guides the gaze during the journey. «We are alone in front of things and in front of ourselves,» says Calvo, who will travel from Rosario to Buenos Aires. The UTDT hall has two doors: you enter through the one on the right and leave through the one on the left. The design of the 90 centimeter wide corridor creates an ambiguous passage. Although it can be easily circumvented, visitors are left standing at a distance, perplexed and uncomfortable, in front of the silent objects. Who rules the world? «There were objects that were left out,» says Calvo, «objects that I had chosen and even brought to Buenos Aires from Rosario that later didn’t work in their entirety. The height of the iron structure was organized by the furniture. And the light, which has always been thought of as illuminating the void, has chosen something more morbid, a light that creates a «climate». The eye gets used to this dim atmosphere and the objects, which are at a distance of ten meters, are not fully recognizable at first. «The choice of light had to do with the fact that it doesn’t let you see everything, so you become aware of the distance,» the artist emphasizes.arias times until the end of the show.
The UTDT hall has two doors: you enter through the one on the right and leave through the one on the left. The design of the 90 centimeter wide corridor creates an ambiguous passage. Although it can be easily circumvented, visitors are left standing at a distance, perplexed and uncomfortable, in front of the silent objects. Who rules the world? «There were objects that were left out,» says Calvo, «objects that I had chosen and even brought to Buenos Aires from Rosario that later didn’t work in their entirety. The height of the iron structure was organized by the furniture. And the light, which was always conceived to illuminate the void, decided on something more morbid, a light that creates a climate». The eye gets used to this dim atmosphere and the objects, which are at a distance of ten meters, are not fully recognizable at first. «This choice of light has to do with the fact that it doesn’t allow you to see everything; it makes you aware of the distance,» the artist points out.
The latent work of the work
The void is traversed by two antagonistic forces. On one side, a fan in operation pushes the air, producing a persistent murmur and refreshing an already frozen space. Next to it, a standing mirror that Calvo brought from Rosario allows the viewer to «jump the fence»: the image in the mirror passes to the other side and the visitor is grouped among the things. Artist of two galleries, Diego Obligado (Rosario) and Hache (Buenos Aires), Calvo transcends domestic, aesthetic and ideological borders and tries to demolish some assumptions of the art scene, replacing them with an attitude of helplessness and nakedness before the silent work of the world. Before closing, Gallery 713 published a sophisticated artist’s book, which is available in the galleries that currently represent him. This year Calvo’s work can be seen in several cities. A moving installation at the Espacio de Arte Contemporáneo in Montevideo, as part of the first Bienalsur, recreates a veiled room in the former Miguelete prison. On the second floor of the Castagnino Museum in the artist’s hometown, images from the series El método tradicional (The Traditional Method) are on display. Her site-specific work at the UTDT will be on view through November 10. On October 27 at 7 pm, biologist Cecilia Calero, therapist and artist Bernardo Zabalaga, and physicist and philosopher Christian de Ronde will join Calvo in a conversation about the intrinsic power of objects. Admission is free with ID. Starting on the 14th of next month, Calvo will also present La marcha de las funciones at the Hache Gallery. It is a series of «scores» of works, a kind of catalog of latent works. «While I project works that I may not be able to make, I free myself from the desire to make them through instructions,» the artist jokes. It is a series of graphic works with some verbal ingredients that suggest the works could be made on their own.
Se escribió mucho sobre la relación misteriosa entre personas y cosas. Ensayos y tratados filosóficos abordaron esa «afectación mutua» entre ambas esferas y, desde la Antigüedad, leyendas de distintos pueblos fantasean con una rebelión de las cosas. Entre otros narradores, Juan José Arreola, Silvina Ocampo y Felisberto Hernández imaginaron modos en que las posesiones cobraban autonomía. El escritor francés Georges Perec dedicó su novela Las cosas, protagonizada por una pareja que sueña con una vida plena de fortuna material y objetos lujosos, al papel que puede asumir lo inanimado. Desde el comienzo, el trabajo de la artista rosarina Eugenia Calvo (1976) reflexiona sobre ese vínculo entre cosas y gente. En todas sus obras hay objetos: muebles, artefactos eléctricos, herramientas; platos con imágenes bucólicas sobre los que avanzan, como lava, puré o carne asada. Ceniceros decorados con escenas urbanas o pastoriles aparecen cubiertos por nubes de ceniza de cigarrillos. En Supervivencia y reproducción (de 2010), colchones maniatados o convertidos en parapetos se agazapaban en ambientes de una casa burguesa.
Una indagación sobre la violencia, contenida o no tanto, se formula de manera insistente, ligeramente desvariada y siempre austera en los trabajos de Calvo. La propia artista lleva adelante performances con sierras eléctricas, hierro y pólvora. Fue ella la que, como hizo en Caída libre, se arrojó desde un primer piso luego de tirar, literalmente, la casa de sus padres por la ventana. En El dominio del mundo, el espacio doméstico (habitual en trabajos anteriores) es reemplazado por la sala de exposiciones de una universidad porteña que pertenece a una de las familias más conspicuas del siglo XX argentino. En la sala de exposiciones de la Universidad Torcuato Di Tella, las cosas están aferradas por un listón de hierro negro que recorre los bordes de escritorios de madera, sillones y sillas de diseño, una cama de dos plazas y varios artefactos eléctricos, entre los que se reconoce una heladera y un lavarropas Siam Di Tella. La elección de muebles y artefactos de industria nacional no es inocente y opera como una crítica a la política actual de apertura indiscriminada de importaciones. La muestra, que estuvo al cuidado de Lara Marmor, contó con la colaboración de varios estudiantes de la UTDT, que se ocuparon de rastrear algunos objetos de la exposición y que incluso escribieron breves ensayos interpretativos de la obra de Calvo.
Combate de fuerzas antagónicas
En el enorme espacio de exhibición, similar a una escena teatral o una arena de combate, se desarrolla un drama de doble faz. De un lado, arrinconadas contra la pared, están las cosas. De frente a los espectadores, «posan» a la fuerza y parecen esperar el momento oportuno para hacer una revelación. Enfrente, protegidos (así como también separados) por una valla de hierro negro, circulan los visitantes de la muestra. Entre ambos, se despliega un vacío espectral. «El vacío, como centro de la acción, se transforma en un terreno de enlace y a la vez de desconexión entre objetos y sujetos», escribe Marmor en uno de los textos que acompañan la experiencia que, sin ser paranormal, es innegablemente física. Es verdad que se desarrolla una acción, sobre todo introspectiva, que guía la mirada durante el recorrido. «Estamos solos ante las cosas y ante nosotros mismos», sugiere Calvo, que viajará desde Rosario hasta Buenos Aires. La sala de la UTDT tiene dos puertas: se entra por la de la derecha y se sale por la de la izquierda. El diseño del pasillo de 90 centímetros de ancho crea una pasarela ambigua. Si bien se la puede sortear con facilidad, los visitantes permanecen de pie, perplejos e incómodos, ante las cosas mudas a cierta distancia. ¿Quién domina el mundo? «Hubo objetos que quedaron afuera -cuenta Calvo-, objetos que había elegido e incluso llevado hasta Buenos Aires desde Rosario, que después no funcionaban en la totalidad. La altura de la estructura de hierro fue organizada por los muebles. Y la luz, que siempre se pensó como si iluminara el vacío, decidiendo algo más mortecino, una luz que crea un clima.» El ojo se acostumbra a esa atmósfera tenue y los objetos, que están a una distancia de diez metros, en un principio no se reconocen del todo. «Esa decisión de la luz tenía que ver con eso, con que no deja ver todo; así, se toma consciencia de la distancia», destaca la artista.arias veces hasta que la muestra concluya.
La sala de la UTDT tiene dos puertas: se entra por la de la derecha y se sale por la de la izquierda. El diseño del pasillo de 90 centímetros de ancho crea una pasarela ambigua. Si bien se la puede sortear con facilidad, los visitantes permanecen de pie, perplejos e incómodos, ante las cosas mudas a cierta distancia. ¿Quién domina el mundo? «Hubo objetos que quedaron afuera -cuenta Calvo-, objetos que había elegido e incluso llevado hasta Buenos Aires desde Rosario, que después no funcionaban en la totalidad. La altura de la estructura de hierro fue organizada por los muebles. Y la luz, que siempre se pensó como si iluminara el vacío, decidiendo algo más mortecino, una luz que crea un clima.» El ojo se acostumbra a esa atmósfera tenue y los objetos, que están a una distancia de diez metros, en un principio no se reconocen del todo. «Esa decisión de la luz tenía que ver con eso, con que no deja ver todo; así, se toma consciencia de la distancia», destaca la artista.
El trabajo latente de la obra
El vacío está cruzado por dos fuerzas antagónicas. Del lado de las cosas, un ventilador en funcionamiento empuja el aire, produce un rumor persistente y refresca un espacio ya bastante helado. A su lado, un espejo de pie que Calvo trajo desde Rosario permite que el espectador «salte la valla»: la imagen en el espejo pasa al otro lado y el visitante se agrupa entre las cosas. Artista de dos galerías, Diego Obligado (Rosario) y Hache (Buenos Aires), Calvo trasciende fronteras domésticas, estéticas e ideológicas e intenta derribar algunos presupuestos de la escena artística para reemplazarlos por una actitud de desamparo y desnudez ante el trabajo silencioso del mundo. La galería 713, antes del cierre, publicó un refinado libro de artista, que se puede conseguir en las galerías que actualmente la representan. Este año se pueden ver obras de Calvo en distintas ciudades. Una instalación conmovedora en el Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo, en el marco de la primera Bienalsur, recrea un espacio velado de la ex cárcel de Miguelete. En el primer piso del Museo Castagnino, en la ciudad natal de la artista, se exhiben imágenes de la serie El método tradicional. Su obra de sitio específico en la UTDT permanecerá abierta hasta el 10 de noviembre. El 27 de octubre a las 19, la bióloga Cecilia Calero, el terapeuta y artista Bernardo Zabalaga y el físico y filósofo Christian de Ronde participarán junto con Calvo de un encuentro para debatir el poder intrínseco de los objetos. La entrada es libre y gratuita, con DNI. A partir del 14 del mes próximo, Calvo presentará además La marcha de las funciones en la galería Hache. Se trata de un conjunto de «partituras» de obras, suerte de catálogo de trabajos latentes. «Mientras proyecto trabajos que tal vez no pueda realizar, me quito las ganas de hacerlos mediante instructivos», bromea la artista. Es una serie de obras gráficas, con algunos ingredientes verbales que sugieren que las obras podrían hacerse solas.