Eugenia Calvo

Título: Garrotes y Cachiporras.
Autor: Lara Marmor
Lugar y fecha: Buenos Aires, 2011. Revista Mama Lince. Arte y Civilización nº 2.
 

El 25 de julio la agencia de fletes “El rosario” recibió una llamada para hacer una encomienda a Buenos Aires. La clienta no se tomó cinco minutos, sino diez para explicar el contenido de las cajas. También detalló con entusiasmo la cantidad y el tamaño de las placas y vigas que se sumaban al traslado. Mirta, la telefonista de la empresa acordó el valor del viaje y la fecha de entrega. La clienta le dio la dirección, Alsina 673, Capital Federal.

La joven viajó a Buenos Aires. Antes de comenzar su tarea compró una lata de pintura color verde cítrico. Con vincha y ropa de fajina pintó una pared y las placas de plástico dispuestas en el piso. De este modo, delimitó un rectángulo dentro de la sala. Luego de tres días de montaje el resultado estaba a la vista. Contra la pared y el piso pintado había apoyado decenas de patas de todo tipo: patas de mesas, sillas y camas, palos y vigas. Todas ellas relacionados a la familia del garrote. Eugenia Calvo (Rosario, 1976) desplegó metódica y rítmicamente las piezas. Como una decomisación de armas la composición se llamó “La última región”.

Eugenia Calvo fue invitada por el Fondo Nacional de las Artes para realizar una exposición en la sala de su subsuelo, que desde 2009 se encuentra destinada a producciones site-specific, es decir, propuestas realizadas para el lugar. Para ello, la institución otorga a cada artista o colectivo invitado entre $1000 y $1500.

Muestrario de garrotes o cachiporras

Al bajar las escaleras el visitante se encuentra con un muestrario de palos, cachiporras, trancas y garrotes. Lo mira y acosado por el silencio y la oscuridad de la sala, observa paranoico hacia arriba y a los costados. Luego aparece la incertidumbre sobre el origen y al destino de los objetos. Desde obras anteriores como “El método tradicional” (2007), donde el primerísimo plano de la toma fotográfica transformaba al puré de papas en tormenta sobre el paisaje de una vajilla inglesa, hasta su más reciente propuesta, “La última región”, Eugenia Calvo juega con el desvío de la funcionalidad original del objeto: el plato servido en un almuerzo familiar se transforma en cuadro o una pata de cama en arma. La dislocación es tan sugestiva que no puede ser indiferente porque siempre destila una sensación amenazante.

Mientras que la serie fotográfica “Entusiasmo y generosidad” de 2007 retrata interiores domésticos con escombros de tierra o piedras, las fotos de “Weekend” de 2008 registran casas de veraneo, que por la perspectiva de la toma, aparentan estar tapadas hasta el techo por arena o arbustos como si una eternidad hubiese pasado desde la última vez que fueron habitadas. Desde adentro o por fuera, la artista construye la perspectiva de un sobreviviente. Sus proyectos, resultado de meses de elaboración, siempre hacen aumentar las pulsaciones, insisten una y otra vez en situar al público frente a escenas que exudan tensión. El derrotero de acciones con objetos atormentados o que atormentan tiene larga vida.

Como en stand by, en los trabajos de la artista se percibe la presencia de un tiempo suspendido. La serie fotográfica “Alarmas” de 2010 presenta diversos ambientes domésticos que advierten un desenlace violento. Como el tiempo no puede detenerse, la obra plantea la inevitabilidad del desastre: una alta e inestable pila de tazas se alza tras una puerta entreabierta; las astas de un ventilador apagado sostienen en la habitación desierta copas con vino blanco y una fuente de fideos reposa expectante apoyada sobre servilletas anudadas y atadas al picaporte de una puerta. “La última región” invita al espectador a tomarse un tiempo, es imposible ignorar que la morfología de cada uno de los objetos puede atraerlo para sublimar su ira en un acto de violencia, aunque también puede convocarlo, si su espíritu es más optimista, a emprender una tarea constructiva que promete ser casi imposible por la ausencia de otros elementos.

La acumulación como trabajo

Formada en la Facultad de Humanidad de la Universidad Nacional de Rosario, la artista trabaja a partir de diversos medios: la foto, el video, las instalaciones y las performances. Ella es parte de la comunidad artística de una provincia que hoy se mantiene vital, en parte, por el funcionamiento del Museo de Arte Contemporáneo (MACRO) y gracias a proyectos autogestionados por artistas y teóricos del arte, dedicados al desarrollo de producción de obra, la investigación y la difusión del arte contemporáneo, como el espacio Roberto Vanguardia fundado en 2004 por Calvo junto a Lila Siegrist, Mauro Guzman, Sebastián Pincirolli y Nancy Rojas o la residencia de artistas el Levante, que funcionó entre 2003 y 2008. “La última región” testifica que Rosario sigue funcionando como usina en el campo de las artes visuales junto a obras como “El asesino de tu herencia” de Adrián Villar Rojas en la última Bienal de Venecia y el primer premio Petrobrás “Autorretrato sobre mi muerte”, de Carlos Herrera.

En este contexto, la joven artista trabaja en su taller, más parecido a un desarmadero que al clásico “atelier” del artiste bohème. Al trabajo material: la elección de las piezas, su traslado y los juegos de asociación, se suma el inmaterial: imaginar antes de dormir, pensar mientras se toma la sopa o escribir durante el viaje en micro. En una coyuntura donde el trabajo del artista no es reconocido como tal, deja de ser un dato anecdótico, -aunque magro- el reconocimiento monetario por parte del Fondo Nacional de las Artes. 

Bajo amenaza

Quien visita “La última región”, no puede ignorar que el sótano se transformó en un lugar inquietante. Allí los objetos de madera resaltan sobre el piso y la pared vestida de verde vibrante. El color aísla el conjunto de la arquitectura y enuncia la premisa que determina que se trata de ficción. El diálogo entre el verde-contenedor y el marrón-madera encuentra de este modo, profundos lazos de contacto con la acumulación de muebles y objetos teñidos de verde y azul que la artista presentó en 2009 bajo el título “Las fuerzas predominantes”. La relación del color con el ambiente y sus efectos sobre la percepción abarca un generoso espectro dentro del arte moderno y contemporáneo, desde el cuadro “L´ Atelier” (1911), donde Matisse reprodujo según su percepción la imagen de su taller, pasando por los trabajos del vanguardista constructivo Raúl Lozza, los ensayos sensoriales de Helio Oiticica, hasta llegar a las experimentaciones actuales de artistas tan diversos como Liam Gillick o Karina Peisajovich.

En contraste a la oscuridad de la sala, la iluminación focalizada en la acumulación de piezas presenta a la composición como espacio escenográfico. Algunos quieren tomar un garrote pero no pueden. Se trata de una provocación, el garrote como arma, como herramienta de una acción de sabotaje o vandalismo nos recuerda aunque distanciado por una diferencia cuantitativa al palo que la artista Luciana Lamothe apoyó junto al vidrio de entrada de la galería Ruth Benzacar en su última muestra Función.


Inventariando

Custodiada por los hombres de seguridad del edificio, la instalación del subsuelo como estrato de una excavación arqueológica, se ocupa de revelar la historia de un contexto. Esta obra como las anteriores, trabaja con objetos y cosas que circulan en el mundo para darles un nuevo significado. La pasión por acumular y transformar el destino de los elementos ha sido objeto de cuentos y novelas; inquietó a filósofos y teóricos del arte. Músicos como Pierre Schaeffer y bailarines como los Stomp hacen vibrar con palos de escoba o vasitos descartables hasta al oído más exquisito. El juego de dislocación de la función original arrancó a inicios de la década con los ready mades duchampeanos y las obras, hoy tan recurrentes, pensadas como acumulación, inventario, colección o archivo tampoco son novedad.

Ya en los años 20´ en Manhattan, el por aquel entonces ignoto Joseph Cornell buscaba pajaritos chinos, botellas y canicas de colores, con ellos años después haría sus maravillosas cajas de arte. En las siguientes décadas, artistas de todas las latitudes juntaron cualquier tipo de cosas para torcer su destino. En los 90´ se intensificó la operatoria del inventario -caótico o reglado- y artistas como Portia Munson o Karsten Boat llegaron a reunir para sus instalaciones cientos y cientos de objetos. Pero hubo que esperar la llegada del nuevo milenio para que estas prácticas se multipliquen por el mundo. En 1999 la exposición Deep Storage, curada por Ingrid Schaffner, agruparía por primera vez este tipo de prácticas conceptuales y del neo-conceptualismo. Didi Huberman hacia fines del año pasado en el Museo Reina Sofía bajo la curaduría de ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? le daría una vuelta de tuerca al asunto.


Todos los caminos conducen a Roma

Hoy, los artistas instalacionistas en el contexto local que trabajan con objetos son innumerables. Ellos revelan el mundo que habitan con objetos personales, materiales de trabajo, basura o ropa. Sus propuestas discurren por diferentes caminos, haciéndose preguntas respecto al modo en que se construye el azar, sobre la retórica del consumo o bien cuestionan mecanismos taxonómicos. Abren los canales con el fin de intervenir en los archivos de la cultura desde perspectivas y motores de búsquedas heterogéneos. Es por eso que la originalidad no es la medida para evaluar estas prácticas, cuya presencia aún sigue siendo pulsante.

Algunas obras de la artista rosarina son como un truco de magia, otras revelan la escena del crimen, nos acercan fragmentos de un sistema que se cae a pedazos, son una trampa, una fosa arqueológica o simplemente la escenificación del antes o después de la escena del pecado. Mientras los garrotes de “La última región” trinan sigilosos, como lo hacen las cosas durante las noches hogareñas, esperan inquietos ser capturados antes de volver a casa por la ruta 9. Sueñan con unirse a una barricada o una rebelión como lo hicieron con espadas y garrotes para defender el antiguo Imperio Romano los hombres de la novena legión de Bretaña, mejor conocida como la “última legión”.